Tras la dimensión espiritual exaltada, está el juego con el muñeco, la fotografía, el maquillaje, la performance, los utensilios funerarios y la alegría campesina bordeando lo indecoroso. Como esta descripción de Rodolfo Lenz, sobre la costumbre de adornar niños muertos:
“Los padres i amigos hacen todos los esfuerzos imaginables para adornar el pequeño cadáver con encajes y blondas, flores artificiales i naturales. Si no hay otras joyas que ponerle, hacen estrellitas i otros adornos de papel dorado i plateado i le echan la chaya i serpentina encima. Así se coloca el angelito sentado en una silletita encima de una mesa”*.
* Orellana, M. "Canto por angelito en la poesía popular chilena".
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